lunes, 31 de octubre de 2011

Debilidades de nuestras fuerzas armadas y policiales

De las Fuerzas Armadas
En la última semana, hemos podido apreciar el nivel de deterioro, vejación y desamparo político y legal en el que se encuentran nuestras fuerzas armadas y policiales.

Para empezar, desde los años 80`s nuestro país vivió el asedio terrorista más desalmado de su historia, acompañando su accionar con coches bombas, matanzas colectivas, secuestro de niños (de los poblados más pobres del interior) para adoctrinamiento y adiestramiento en el uso de armas, aplicación de los cupos (que no era otra cosa que pagar por vivir), asesinatos de personalidades polìticas, gremiales, periodistas y civiles inocentes que no compartieran su "ideología" y cobardes emboscadas en el interior del país.  Habían tomado posesión de zonas geográficas, comúnmente denominadas "zonas rojas" o "zonas de emergencia".

Es por eso que de acuerdo a la constitución, las Fuezas Armadas y la Policìa Nacional tomaron acciones con la finalidad de garantizar, mantener y reestablecer el orden interno de dichas zonas con presencia terrorista, arriesgando los elementos policiales y de las fuerzas armadas, sus propias vidas, en defensa de los ciudadanos, ciudades y pueblos secuestrados por los terroristas.

El inicio de las operaciones terroristas en el interior del país, hizo que muchas familias, por el instinto de sobrevivencia, decidieran mudarse a Lima, a la que veían como una ciudad menos desamparada en cuanto a seguridad y con mayores oportunidades de desarrollo para sus integrantes. Ahi empezó a generarse con más fuerza las migraciones a la capìtal, con las consecuencias que ahora vemos (invasiones y crecimientos mal estructurados, crecimiento de la informalidad, limitación en el accesos a los servicios básicos, incremento de la población ubicada en la línea de pobreza y extrema pobreza, malnutrición infantil, entre otras).

Después del daño causado, ahora estamos frente a un escenario en el que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos pretende encausar en el Fuero Común (vía un nuevo juicio) a todos los comandos que participaron en la operación de rescate en la Embajada del Japón por las ejecuciones extrajudiciales de tres terroristas. Si bien, un delito como ese merece ser analizado y encausado, no es posible que involucren a todos los que participaron en el. 

Debe separarse entonces la paja del trigo, y centrarse en aquel o aquellos que dieron la orden de hacerlo y en aquellos que lo ejecutaron (sin perder de vista que las fuerzas armadas son instituciones de estrcuturas verticales) y el Gobierno Peruano debe (asumiendo la inocencia de ellos hasta que se pruebe lo contrario) asistir legalmente a los oficiales involucrados en el tema. No todos tiraron del gatillo, no todos dieron la orden. Es a todas luces una recomendación excesiva.

De la Policía Nacional
Con un poco de verguenza ajena, hemos podido apreciar, la forma como la Policía Nacional, ante intervenciones "menores" (personas manejando un auto, con evidencias de un consumo desproporcionado de alcohol), son maltratados, vejados, golpeados, insultados y peor aún grabados en dichas situaciones. Nunca había visto -por lo menos tan explícitamente como ahora- a una Policía Nacional tan débil, tan vapuleada, tan llevada a menos, a vista y paciencia de la población entera, de sus autoridades, de su Ministro del Interior, de su Presidente de la República.

¿Son esos miembros de la Policía Nacional los que combatirán la delincuencia en nuestras calles? ¿Son esos miembros de la Policía Nacional a los que debemos respetar, si ellos mismos institucionalmente no se hacen respetar? ¿Cuán desprotegidos se encuentran sus miembros para permitir ese tipo de actitudes de sujetos visiblemente alterados por el alcohol?
¿Esa es la sociedad que queremos para nuestros hijos: que ante la ineficiencia e inacción de nuestra Policía Nacional, tengamos que aplicar justicia por nuestras propias manos? ¿Que estàn haciendo nuestras autoridades para remediar actitudes como esa? ¿Que esperan para fortalecerla y dotarle de los recursos necesarios?

La única sensación que nos deja las imágenes difundidas, es la de Verguenza Ajena...!!!! Es una pena.


domingo, 16 de octubre de 2011

Indignación Global

Este 15 de octubre pasado, se llevó a cabo en 951 ciudades del mundo una de las jornadas de expresión social más grandes a nivel mundial. Dicha jornada tiene como antecedente una serie de protestas ocurridas el 15 de mayo del presente año en España, y cuyo objetivo es la de expresar su rechazo y disconformidad con el dominio predominante de las grandes corporaciones e instituciones financieras a nivel global, cuyos negocios han producido en los últimos años una de las más grandes, sino la mayor crisis mundial de nuestra historia, llevando casi a la bancarrota a países enteros y afectando en gran medida a otros, incrementándose los niveles de desempleo y en consecuencia impidiendo el acceso a la seguridad social, generando además desequilibrios sociales, medio ambientales y económicos, afectando a los que menos tienen y de paso, generando un alto riesgo para las generaciones futuras de nuestros propios países (debido a la degradación de nuestras tierras, nuestra agua y el crecimiento de la brecha entre los que más y menos tienen en términos económicos).

Siempre he pensado que los pueblos tienen un nivel de tolerancia extremadamente alto (algo parecido a una olla de presión), pero que cuando las condiciones del entorno y determinados actos se vuelven recurrentes con un alto grado de desaprobación o malestar popular, producen una sensación de hartazgo bastante elevado, generando en el pueblo reacciones como las ocurridas en nuestro país en 1992 (disolución del Congreso con aprobación mayoritaria del pueblo) y en el 2000 (la Marcha de los Cuatro Suyos en contra de un gobierno con evidentes muestras de corrupción y violación de los derechos humanos).

Ahora, el fenómeno de la globalización ha traído como consecuencia brechas sociales y económicas bastante amplias. Creo que el proceso de globalización ha traído un crecimiento bastante importante en Latinoamérica, pero no obstante ello, el nivel de pobreza no se ha reducido drásticamente, principalmente porque la globalización ha favorecido una mayor utilización de tecnología de punta, favoreciendo un menor uso de mano de obra técnica o profesional y en consecuencia mayores niveles de desempleo e ingresos bajos o muy bajos, que permiten sólo cubrir sus necesidades básicas. Asimismo, el nivel de exportaciones de productos tradicionales se ha visto incrementado, no obstante aún no logramos dar el salto a la transformación de materias primas que sería intensiva en mano de obra. Sumado a esto, nuestros países latinoamericanos no ejercen o se hacen de la “vista gorda” al momento de fiscalizar a las trasnacionales que explotan nuestros recursos y generan un impacto negativo en nuestro medio ambiente (solo fijémonos en las actuaciones de los sucesivos gobiernos de nuestro país, frente a las mineras formales e informales, en los últimos 20 años).

No obstante lo mencionado, no creo que la globalización como proceso esté mal, sin embargo promover la globalización como un proceso totalmente abierto sin ningún tipo de control de importaciones de productos subvaluados ni protección a la propia industria nacional, creo que es totalmente dañino, ya que ni los propios impulsores de este proceso (países desarrollados) en su aplicación más amplia, lo cumplen.

Por lo tanto, manifestaciones y protestas como las del 15 de Mayo y el 15 de Octubre no deberían sorprendernos, ya que si analizamos los países de nuestra región, la elección de gobiernos con tendencia socialista como Venezuela, Brasil, Nicaragua, Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Perú, representan una expresión popular de que el crecimiento advertido en nuestros países requiere de una mayor inclusión social (para que llegue a la mayoría), que no genere sólo apoyo ni creación de programas sociales (que de por sí son buenos para la población de extrema pobreza), sin embargo, si es necesario que promueva la generación de políticas a corto, mediano y largo plazo, con creación de un mayor nivel de empleo, que incentiven la promoción de industrias de productos terminados, que permitan el acceso a la salud, a infraestructura vial para la salida de la materia prima del interior del país, a incentivos para promover una mayor formalidad, implementación de una mayor participación pública-privada en beneficio del Estado, que implementen políticas claras y justas para la mitigación del impacto medio ambiental producidos por las mineras formales (con un compromiso serio de erradicación de la minería informal) y que el esquema de concesión de tierras otorgados por el Estado para la explotación de terceros sea revisado y mejorado.

Los indignados no hacen más que recurrir al derecho que tiene el pueblo (emanado de nuestras constituciones) de hacer sentir su voz (y su malestar), y creo que es el momento de escuchar la llamada de alerta.